
Ahí fue donde conoció al futuro emperador con quien se casó el 30 de enero de 1853. Napoleón acababa de ser rechazado por la princesa Adelaida, sobrina de la reina Victoria.
En un discurso que pronunció poco antes de su boda, Napoleón dijo: «Prefiero casarme con una mujer a la que amo y respeto que con una desconocida, con la que una alianza podría tener ventajas mezcladas con sacrificios». Este comentario fue visto con cierta sarcasmo desde Gran Bretaña. Los periódicos de ese país lanzaron comentarios sobre la unión entre una aristócrata de reconocido linaje con un miembro de la familia Bonaparte.
El 16 de marzo de 1856, Eugenia dio a luz a su único hijo, Eugène Bonaparte que recibió el título de Príncipe Imperial. Gracias a su belleza y elegancia, Eugenia contribuyó de forma destacada al encanto que desprendía el régimen imperial. Su forma de vestir era alabada e imitada en toda Europa. Su interés por la vida de la reina María Antonieta expandió la moda neoclásica, estilo muy popular durante el reinado de Luis XVI.

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